EL EMBAJADOR GALÁCTICO


En el bosque de Mariam, donde no existía ninguna criatura viva, excepto la flora, se escondía una joven temerosa. Ella había cruzado el límite de la zona, a pesar de estar prohibido para su raza. Mientras buscaba un lugar donde detenerse, el Ser que llevaba entre sus brazos, aún no podía creer que había sido atacado y robado en su primera reunión planetaria con esa raza.

La magna cumbre interestelar había quedado interrumpida, después que un grupo armado entró para raptarlo. Poco faltó para ser exterminado.  Entre el ruido de los proyectiles al hacer impacto y los destrozos del lugar, pudo escapar alterando su forma. Por varios días vagó entre ellos, esperando poder comunicarse.  Hasta que encontró a una humana con un extraño poder. Al saber su historia, ella aceptó llevarlo al lugar donde otro embajador lo recogería.  Le inquietaba depender tanto de la humana. Pero no tenía alternativa. Estaba herido y sin nave estelar en un mundo hostil. Aún así, dudaba llegar a tiempo al lugar de encuentro. Los humanos empeñados en reclamar la recompensa por su cabeza, lo dificultaban. Aunque nada se comparaba a la cazadora de su especie, que había llegado poco después de su aterrizaje a ese mundo.

En esos pocos días, había aprendido a conocer a su salvadora y no menospreciar su frágil envoltura. No quería reconocer que su vida le preocupaba más que la suya. Al percibir que no se movían, su atención se centró de nuevo en ella. Alzó la cabeza sorprendido, de  lo que ocurría en su mente.

<<Pronto todo acabará. Él vendrá  y se lo llevará >> fueron los melancólicos  pensamientos que interceptó de ella, mientras la observaba contemplar las estrellas.

– ¿Estás bien Samantha? – preguntó observando su rostro angelical y acercándose más a su pecho.

– Te extrañaré Alexiz, pero estaré feliz que regreses con tu raza – dijo ella, pasando su mano por el sedoso pelaje de él, deteniéndose en su cabeza.

– Mientras esté aquí, estarás en peligro. Ella me está buscando y me encontrará. No puedo protegerte – confesó en voz alta.

Samantha se quedo pensativa y tembló al recordar su último enfrentamiento. Por los pelos salió con vida. Nalania era la Muerte personificada y su belleza sobrenatural le causaba escalofríos.

– Debemos continuar…Ya no escucho que nos persigan – Anuncio con la voz quebrada por las lágrimas reprimidas, mientras contemplaba los árboles cercanos.

Alexiz levanto la mirada y observo sus ojos húmedos. Jamás entendería como su propia familia había intentado asesinarla y todo porque les impidió que lo capturaran.

<< Los humanos de este mundo, están enloquecidos. Tal vez sea mejor, jamás regresar para formar una alianza >>

– Te equivocas Alexiz. No nos descartes con tanta facilidad. Merecemos la sabiduría de tu raza. Tal vez no ahora, pero si algún día.

Él la miró largamente. Le era incompresible como ella había podido una y otra vez, entrar en su mente y escuchar sus pensamientos. Sabía que no era algo propio de su raza, era único en ella.

– Cuándo me contemplaste por primera vez ¿Qué vieron tus ojos?  – cuestionó en voz baja.

– Al verte pensé que eras un conejo precioso. Pero cuando escuche tus pensamientos y tu historia, comprendí que no podía darte la espalda y marcharme. Por eso acepte ayudarte.

Alexiz sonrió de oreja a oreja al escuchar su simple respuesta. Así era ella, tan sincera con todo y todos. Tan diferente de los otros que lo traicionaron, por los dones de su sangre. Aquellos que ahora tenían su nave y le habían herido de muerte.

– ¡Vamos Samantha! Tenemos que llegar a tiempo o él atacará este mundo en represalia.

– ¿Has podido comunicarte con él? – le preguntó frotando con cuidado, sus largas orejas, manchadas de sangre.

– Solo pude transmitir el mensaje de la situación. No puedo hacer más. Estoy muy débil – respondió colocando su rostro sobre el brazo de ella.

Samantha lo abrazó con ternura y se inclino hacia él, susurrando.

– Vivirás por mucho tiempo. Algún día le hablarás a tus hijos, lo que viviste en este mundo.

– ¡Gracias! – respondió con voz quebrada por la emoción, tratando de creer en sus palabras.

Ella se puso de pie y avanzó lentamente entre los árboles, llevando a Alexiz entre sus brazos. Pasaron varias minutos, para que tomara confianza y caminará más rápido, hasta que corrió velozmente. Había luna llena y esta le permitía observar todo con claridad. Su abundante melena negra volaba en todas direcciones, mientras saltaba pequeños arbustos. Sus grandes ojeras resaltaban, sobre su perfecta piel de marfil.

Ninguno dijo nada mientras ella corría bordeando el río. Hasta que un fuerte sonido a su derecha le hizo detenerse de golpe. Se volvió y al ver la curvilínea figura de su enemiga, se le helo la sangre en las venas.

La alta mujer avanzó con paso decidió y se colocó, a pocos centímetros frente de ella. Le hizo un barrido con la mirada en forma despectiva.

– ¡Tonta humana! ¿Creíste que me burlarías? ¡Entrégamelo y te daré una muerte rápida! – ordenó con voz potente.

Samantha se mordió el labio sin saber qué hacer y fue retrocediendo lentamente. Sabía que pronto sus pies encontrarían las aguas del río, que en esa época estaban heladas y muy turbulentas. Era consciente que zambullirse en ellas, sería un suicidio.

<< ¡Déjame y huye! >> fue la súplica que escuchó en su mente.

– ¡Jamás! – fue su rápida respuesta, dicha en un susurro.

Él descubrió al entrar en su mente, que Samantha estaba dispuesta a morir, antes que entregarlo a su peor enemigo. Sus pensamientos le llegaron nítidamente, pero él no estaba dispuesto a sacrificarla. Además él era consciente que el resultado no cambiaría nada. No tenía el poder de hacerle frente, sus heridas habían mermado su fuerza.

Se angustió al pensar en que tal vez, tendría que usar su última opción. Aunque era demasiado arriesgado para ambos, especialmente para ella. No quería volver a perderla.

<< ¿Qué vas hacer? ¿Por qué has cubierto tus pensamientos?>> preguntó Samantha telepáticamente.

Alexiz respingó al escucharla. Era la primera vez que ella, le hablaba usando su mente.

<< Romperé otra de mis leyes. Por favor, confía en mí. Negaré nuestra amistad >> respondió frotando el rostro contra uno de sus brazos.

Al levantar la mirada se encontró con su expresión dolida. Ella lo había malentendido, pero era tarde para dar explicaciones. Debía actuar con rapidez, antes que Samantha se lo impidiera.

Alexiz sorpresivamente saltó y aterrizó entre ambas. Y antes de tocar el suelo, su pequeño cuerpo fue rodeado por una gran luz azul, disolviendo su imagen y cambiando de forma. Segundos después apareció un joven de piel violeta, de más de dos metros de estatura, completamente desnudo. Su larga melena plateada, que llegaba casi al suelo, cubría un poco su cuerpo. Aún así, eran visibles sus múltiples heridas, en su escultural cuerpo.

Samantha no pudo apreciar, como él observaba con frialdad que Nalania lo miraba boquiabierta. Él se tensó cuando ella se acercó a contemplarlo mejor y después de rodearlo por dos veces, una lenta sonrisa apareció en su bellísimo rostro, mostrando sus filosos colmillos, al lamerse los labios.

– Te conozco. Mis crías se alimentaran con tu sangre. Cuando no me sirvas venderé tu cuerpo. Muchos pagarían por tener el cuerpo de un Borlachn, pero aún más por el heredero de Magnuw.

Alexiz activo mentalmente un campo de energía, que lo envolvió por completo y camino hacia ella con rapidez.

–  ¡Aún no me tienes! – replicó con voz burlona.

Y antes que pudiera agarrarla, la figura de ella se desdibujo y desapareció. Reapareciendo detrás de Samantha.

– Haz cometido un gran error, al mostrarme tu debilidad. Ahora su vida es mía. ¡Ríndete! – replicó Nalania, sujetando con sus garras el cuello de Samantha.

Él la observo con el ceño fruncido y el cuerpo aparentemente tranquilo.

– La humana no me importa. Puedes matarla – replicó con una voz increíblemente gélida.

Tuvo que permanecer quieto y en silencio, observando impotente como una solitaria lágrima rodaba por la mejilla de Samantha. No podía confirmar las sospechas de su enemiga, si lo hacía, ella no dudaría en despedazarla en pocos segundos. Ahora solo quedaba esperar que su última opción la salvara de morir.

Nalania empezó a lamer el cuello de su prisionera, mientras lo observaba con odio.

– Disfrutaré viéndote sufrir, porque aunque lo niegues, ella te importa  – Fueron sus palabras antes de hincarle profundamente los colmillos en el cuello.

Mientras bebía su sangre, Nalania lo observaba con desconfianza. No entendía porque él la observaba sin intentar huir, sabía que mucho de su poder estaba neutralizado, pero aún podía causarle problemas, aunque la victoria fuera suya.

<< ¿Qué estas tramando? ¿Por qué no escapas? >> pensó Nalania fastidiada, odiaba cuando sus víctimas esperaban su muerte, prefería mil veces que huyeran llenas de terror. La caza le atraía.

Alexiz apenas si podía permanecer quieto, viendo como la vida abandonaba a Samantha, pero había llegado demasiado lejos, para echarlo todo a perder.

<< ¡Resiste! ¡Pronto será su final! >> transmitió sus pensamientos con cuidado de no ser descubierto. Se preocupó aún más, al saber que ella estaba a punto de perder el conocimiento.

Violentamente Nalania retiró sus colmillos del cuello de su víctima, llevándose un trozo de su piel que escupió al suelo. Y arrojó su cuerpo sin miramientos a su costado. Alexiz al verla desmayada, dio un paso titubeante hacia adelante y luego retrocedió con rapidez.

– ¿Qué me has hecho? ¡Responde! – preguntó Nalania tambaleándose y lanzando un rayo de energía oscura hacia él.

El rayo le impactó en el costado izquierdo, lanzándolo hacia atrás. Estuvo a punto de hacerlo caer, pero logró recuperar el equilibrio a tiempo. Y al percibir sus verdaderas intenciones, dio la vuelta y salió corriendo. Después de algunos minutos de ser perseguido, se detuvo al escuchar un grito espeluznante y un fuerte golpe. Olió a su alrededor y sonrió con satisfacción.

Pasó corriendo cerca del cuerpo de su enemiga. De reojo observo que desprendía una energía rojiza y desaparecía junto con el resplandor. En pocos minutos llegó dónde estaba Samantha. Se agachó y levantó su cabeza, colocándola sobre su brazo. Su piel lucía muy pálida. Escuchó que el palpitar de su corazón era muy débil y disminuía con cada minuto que pasaba.

Al escuchar un leve ruido frente de él, levantó la cabeza y se encontró con los ojos de su padre.

– ¿Qué has hecho Alexiz? – preguntó acercándose rápidamente al verlo herido.

Magnuw se puso de cuclillas y coloco la palma de su mano en el pecho de su hijo, comenzando el proceso de sanación. Comprobó energéticamente que estaba muy lastimado y entendió porque no se había sanado así mismo.

Miró con atención a la humana y regresó su atención a las palabras de su heredero.

– No pude dejarla morir. Sé que está prohibido revivir a los muertos. Pero ella murió por salvarme.

– ¿Qué ocurrió? – le preguntó con voz calmada, mientras continuaba sanando sus heridas.

– Nalania apareció en la reunión y les dijo sobre los poderes de mi sangre. Me obligaron a darles una muestra de ella. Después un grupo armado, atacó el lugar y pude escapar. Encontré a Samantha quien me ayudó. Pero al llevarme a su casa, su familia la atacó y la asesinó por conseguir la recompensa – dijo Alexiz en susurros, al revivir lo ocurrido.

– ¿Y después? – lo miró con expresión sorprendida.

– La trasporté lejos de ellos y la reviví. Quedé muy débil.

– ¿Se lo dijiste? – preguntó con el ceño fruncido.

– No lo sabe – negó Alexiz con la cabeza, mientras la observaba con ternura.

– La usaste para matar a Nalania. Sabías que su sangre era veneno para ella –  lo acusó.

– No era mi intención. Pero ella la atrapó. No tuve alternativa – respondió con voz firme.

Alexiz contempló el pecho de Samantha, este apenas se movía.

– ¡Padre, se está muriendo! – alertó tocando con gentileza su muñeca y constatando que su pulso era casi imperceptible.

– ¡Déjala morir! – contestó, acelerando el proceso de sanación.

– ¡No!…Samantha luchó por mantenerme vivo…lo siento padre, pero no la dejaré morir. Aceptaré mi castigo, por incumplir nuestras leyes.

Magnuw observó sorprendido la resolución de su hijo. Jamás lo había visto ir en contra de las leyes, que él mismo había hecho cumplir a otros tantas veces. Lo desconcertaba estar en presencia de una excepción. Al ver la manera que sujetaba a la humana y la forma de contemplarla, lo entendió. Retiró su mano al comprobar, que las heridas del mayor de sus hijos, habían desaparecido.

De inmediato colocó su mano sobre el pecho de ella y verificó lo que ya temía.

<< ¡Ha muerto! >> dijo mirando el semblante triste de su hijo.

Alexiz suspiró profundamente, mientras acariciaba el rostro de ella. Después la acostó sobre la hierba y la observó fijamente.

<< ¡La traeré otra vez! >> dijo con convicción.

<< Actúa con sensatez… ¡Déjala marchar!>> le suplicó telepáticamente.

<< Perdóname padre. Sé que mis acciones, avergonzarán a mis hermanos y a toda la familia>>

Al ver como su hijo bajaba la cabeza hacia el brazo de Samantha, el miedo se apoderó de él. Y antes que su boca tocara su piel, coloco su mano en el brazo de ella, tocando gentilmente la cabeza de Alexiz con la otra mano. Él se detuvo de inmediato.

<< ¡Espera! Lo haré por ti… ¡Déjame hacerlo!>> pidió Magnuw telepáticamente.

– ¿Por qué?…Te encerrarán o te matarán por violar la ley – comentó  con manifiesta preocupación.

– Tu decisión es salvarla y la mía salvarte.

– Padre… Avergonzarás al Rey.

– Mi hermano me debe muchos favores. No me matará y tampoco me encerrará de por vida. Tú no correrías la misma suerte – dijo meneando la cabeza.

Alexiz titubeo por unos minutos y al inspeccionar la mirada de su padre, se hizo a un lado, dejándole el lugar a Magnuw. Quien de inmediato, clavó los colmillos en el brazo de Samantha, dándole de esta forma su sangre en vez de quitársela. En pocos minutos las heridas de Samantha se cerraron y volvió a respirar.

Magnuw volvió su  mirada al cielo y conectó su mente, con los otros embajadores que estaban estacionados, en un punto fijo en el espacio exterior.

<< Tienes que decidir su destino. Es momento de irnos, los otros ya recuperaron tu nave y la sangre que te extrajeron >>

<< Lo sé >> le  respondió mirando las estrellas.

Samantha abrió los ojos y al enfocar la mirada, se asustó al ver dos rostros tan cerca de ella, ambos tan parecidos y hermosos. Se detuvo ante el más joven y esbozó una sonrisa deslumbrante.

– ¿Te conozco? – dijo ella, levantando la mano y tocando la mejilla de Alexiz.

– ¡Samantha! – respondió abrazándola, con los ojos llenos de lágrimas y un nudo en la garganta por la emoción.

<< ¿Por qué no le dejaste sus recuerdos? >> preguntó Alexiz mentalmente a su padre, soltando a Samantha y revisando su cuello y brazos. Ella toco sus pestañas y sacó una lágrima entre sus dedos y se la quedó mirando.

<< Por precaución. Si el Consejo lo investiga, no encontrará nada en sus recuerdos>> respondió levantando la cabeza e inspeccionando el río.

Alexiz ladeó la cabeza, mirándola a los ojos como si pudiera penetrar, incluso hasta su alma. Sabía que tenía que tomar una decisión.

– Samantha, debo irme muy lejos y no creo que vaya a regresar – le explicó completamente inmóvil, a la espera de su respuesta.

– ¿Puedo ir contigo? – le preguntó cogiendo su mano y llevándosela a su mejilla, mientras lo observaba con ternura.

La esperanza por un instante flameó en el corazón de Alexiz. Titubeó antes de preguntar.

– ¿Por qué quieres acompañarme?

– No lo sé… Solo deseo estar contigo – replicó esbozando una sonrisa, que le llegó al corazón.

Magnuw al escuchar las palabras de Samantha, se alejo de ellos con dirección a la nave. Sabía que ella jamás volvería a recordar su pasado. Y solo existía un sentimiento poderoso, que podía colarse entre sus recuerdos perdidos. Sonrió por el destino de su hijo. Había venido buscando aliados y encontró pareja entre esa raza. Eso evitaría futuras represalias sobre los habitantes de ese mundo. Sabía que su hermano prohibiría, todo contacto con esa raza. Pero ahora que los humanos habían empezado a viajar entre las estrellas, otras razas menores los buscarían. Algún día se volverían a encontrar.

Al subir a la nave, recordó que pronto tendría que pagar el preció de su infracción, pero esperaba que fuera después de ver  convertida a Samantha en una Borlachn. Al sobrevolar con la nave, la zona del bosque donde los había dejado, los encontró caminando de la mano, rumbo a la dirección acordada. No dudo en transportarlos a ambos y fijar rumbo para su galaxia. Las otras naves lo siguieron de inmediato. Desde el planeta, lo único que se contempló en la oscuridad del firmamento, fue un leve resplandor.

 

JULY ASPUR

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