LA RECOLECTORA DE ALMAS


 

<< ¡Ven! ¡Baila conmigo! >> fueron  las palabras que escuchó Sabrina en su mente, minutos antes de despertar.

Al abrir los ojos, contempló la oscuridad que la envolvía.  Se sentó en la cama, mientras miraba con  ansiedad la puerta y sujetaba con fuerza, su osito de peluche preferido.

– ¡Papá¡ ¡Mamá!… – gritó a punto de llorar, pero su voz no llegó a salir de la habitación.

La presencia al escucharla, se acercó flotando a su ventana, sin hacer el menor ruido. Podía ver con claridad a la niña y sintió compasión por ella.

<< ¡No temas pequeña!… ¿Quieres ser mi amiga?>> dijo con voz amable, usando un canal telepático.

Sabrina respingo con nerviosismo. Y echó un vistazo a su alrededor.

– ¿Quién eres? – Preguntó con la voz quebrada por las lágrimas reprimidas.

Diáma se alejó de la casa y continúo danzando en el aire, dejando una estela pequeña de puntos luminosos, que se desprendían de sus pies. Mientras bailaba, pensaba en su misión y sonrió con tristeza. Miró hacia la ventana y volvió a enfocarse en su elegida. Fue fácil volver a conectarse con su mente.

<< Soy una viajera… ¡Descorre las cortinas y mírame danzar! >> Le ordenó suavemente.

Sabrina se quedó quieta y volvió a echar un vistazo por la habitación. Se tensó al escuchar una hermosa melodía, que provenía de la ventana. Poco a poco, una intensa luz apareció y casi iluminó su oscuro dormitorio. Las voces y risas que provenían de afuera, se hicieron más nítidas.

Después de unos minutos de indecisión, caminó lentamente hacia el origen de todo y descorrió un poco las cortinas. Y lo que contempló la dejó pasmada. Entre animales voladores, estaba una hermosa mujer que danzaba sobre las nubes y las estrellas.

Mientras la observaba con fascinación, el extraño e hipnótico baile, poco a poco se filtró en su mente infantil y fue tomando control de su pequeño cuerpo.

Inmóvil y tranquila, esperó con paciencia a que terminara su danza. Y para cuando finalizó, solo recordaba su nombre. Pero sentía una fuerte compulsión, por tocar a la bellísima joven.

Diáma se acercó flotando lentamente hacia la ventana y esbozó una dulce sonrisa, mientras sus ojos brillaban ligeramente.

<< ¡Acompáñame!… ¡Únete a mis amigos! >> Le pidió soplando sobre el cristal, creando la imagen de un corazón cristalino con alas, que empezó a entonar la canción preferida de la niña.

Sabrina se quedó boquiabierta y luego esbozó una sonrisa desbordante. Y mientras escuchaba la melodía, poco a poco sus carcajadas y aplausos fueron subiendo de tono, hasta que el sonido se coló en el dormitorio de sus padres.

Ellos se despertaron extrañados, por los ruidos y salieron a investigar. Al llegar ante la puerta de su hija, se dieron con la sorpresa, que estaba cerrada. Su angustia creció al escucharla conversar y aplaudir con entusiasmo, cosa extraña en ella.

Y mientras se observaban en silencio, un fuerte escalofrío recorrió sus cuerpos, cuando una luz fosforescente, empezó a sobresalir por la puerta.

De inmediato empezaron a llamarla,  y golpear la puerta con insistencia. Al principio con suavidad y luego con violencia.

Entretanto, Sabrina ajena a todo ésto, continuaba disfrutando. Pero al cabo de algunos minutos, los golpes y gritos provenientes de la puerta, fueron entrando lentamente en su mente.

Súbitamente dejó de aplaudir y miró sobre su hombro hacia la puerta, con el ceño fruncido, tratando de recordar quienes gritaban su nombre. Al verla, Diáma alteró la canción y la hizo más potente, ahogando todo sonido externo.

La recolectora de almas, observó a la pequeña, que no dejaba de mirar la puerta. Podía percibir que su inquietud, le había provocado un nudo en la garganta. Y que sus emociones contenidas, le estaban creando un dolor en su pecho, que aumentaba rápidamente.

Diáma, decidió que era momento de intervenir.

Creó sin dificultad, una bola de energía plateada, con la intención de enjaular la incomodidad de Sabrina,  De esa forma extrajo sus emociones reprimidas y las hizo desaparecer. De inmediato la conducta de la niña cambió y volvió hacer despreocupada. La elegida, miró con atención a la preciosa joven de piel de marfil, sin sorprenderse de verla brillar ligeramente, mientras volaba cerca de su ventana.

– ¿Quiénes son? –  le preguntó extrañada, al recordar las voces.

Diáma sonrió de oreja a oreja al escucharla. Se acercó más a la ventana y colocó la palma de su mano sobre ella.

<< ¡Nadie! … Solo estamos tu y yo. Y es lo único que importa >>  respondió mentalmente.

Al contemplarla embelesada,  la sonrisa de Sabrina se extendió por toda su cara, hasta iluminarle los ojos.

La enviada estelar, comprendió que era el momento indicado, para tentarla a cambiar su destino.

<< ¡Ven!… ¡Asómate por la ventana! >> pidió con voz tranquila y calmada.

Sabrina titubeó y luego sacó la mitad de su cuerpo fuera de la ventana. Extendió su mano hacia la joven, que flotaba cerca de ella, pero no pudo tocarla.

<< ¿Quieres venir conmigo? >> La pregunta fue hecha con una voz muy seria.

La niña meditó por varios minutos. Algo dentro de ella, le decía que se iría muy lejos y que estaría segura en ese lugar. Alzó su mirada y se encontró con los ojos de Diáma. En ellos encontró calidez y seguridad.

– ¡Sí! – respondió emocionada, moviendo la cabeza afirmativamente.

En ese momento los adultos entraron corriendo en la habitación y se quedaron estupefactos, sin dar crédito a lo que veían sus ojos. Al sentir la angustia en sus corazones, Diáma los miró con tristeza. Pero se mantuvo firme en su resolución. El pacto estaba cerrado y nadie impediría que se llevara esa alma, antes que ese mundo estallara. Solo tenía una noche, para recolectar las almas más brillantes, que serian reubicadas en otra galaxia.

Detuvo el tiempo en la habitación y permitió que solo Sabrina pudiera moverse.

<< ¡Sabrina, salta! >> Le dijo extendiendo los brazos y enviándole rayos de luz, con todo el amor que podía sentir.

La niña rió confiada antes de saltar. Y al ser acunada en el pecho de la joven, se durmió inmediatamente. Su cuerpo fue disuelto en energía y traspasado a los ojos de Diáma. Una estrella más, brilló en su mirada. Segundos después, el tiempo volvió a correr dentro de la habitación. Y a pesar de estar lejos del lugar, la recolectora pudo escuchar con claridad, los desgarradores gritos provenientes de esa habitación.

Ante la angustia que sentía, decidió tomarse un respiro, contemplando el maravilloso mundo, que pronto sería desintegrado y cuando se sintió más calmada, regresó al planeta a terminar su misión.

 

JULY ASPUR

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