LA REINA DE LA MUERTE II


Alary despierta, sintiendo la boca reseca. Y al contemplar a los fieros guerreros que lo tienen rodeado, sus pupilas se dilatan y sus colmillos quedan expuestos, sobresaliendo de sus pálidos labios.

Los quince guardianes, contemplan con pavor, el cuerpo desnudo y musculoso de su nuevo rey, a quien han protegido durante su transformación y yace aparentemente indefenso, sobre el lecho de la reina. Aún a esa distancia, puede percibir su monstruoso poder.

Al verlo convulsionar, perciben que su mente inquieta, se ha estrellado contra la mente poderosa de su ama, quien se ha mantenido alejada y oculta, al otro extremo del palacio, con la intención de evitar alimentarse de él, mientras era humano.

Solo cuando la reina suelta su mente, el cuerpo de Alary parece reaccionar. Los guardianes observan aliviados, al verlo tomar una honda bocanada de aire, con los ojos entreabiertos. Poco después lo ven toser por unos minutos, mientras se reclina levemente, sobre uno de sus costados.

Al verlo ponerse de pie de un salto, se ponen nerviosos. A pesar de todo, evitan mostrarle los colmillos y las afiladas garras. Ninguno abandona su posición, a pesar del intenso miedo que recorre sus cuerpos.

Lo último que desean es provocarlo.

Alary por instinto, degusta en silencio, el terror y angustia que proviene de cada rincón de la ciudad. Y al querer oler más, da un paso sobre la cama.

En ese momento, sus recuerdos estallan ante sus ojos y sin pensarlo, embiste a los guerreros, con la intención de escapar por uno de los grandes ventanales. Y cuando está a punto de lograrlo, la Guardia Real lo acorrala.

Alary retrocede lentamente, conforme ellos van estrechando el cerco.

La guardia real, conocida como los Larios de Evatom, avanzan sin dudar, a pesar que todos sus sentidos, les incitan a huir del Rey.

Afuera un intenso viento, empieza a azotar los ventanales. Y con cada paso que da Alary, los truenos retumban fuertemente en la ciudad flotante.

El clima se ha convertido, en una sola entidad con las emociones del rey.

Los Larios dudan por un instante y luego prosiguen en su afán de capturarlo. Y cuando están a punto de tocarlo, él se desvanece ante sus ojos, ocultando su rastro totalmente.

Un segundo después, los guerreros levantan  su rostro y giran al unísono, al escuchar el chillido escalofriante de la reina, que rebota en todos los rincones del palacio. El miedo a su represalia, provoca en cada uno de ellos, un temblor que solo su férreo control y entrenamiento, les permite superar.

Lejos del dormitorio real, en uno de los pasadizos del palacio, la reina camina desprendiendo una tóxica neblina, que la envuelve por completo. Su mirada brillante, demuestra la perturbación que la embarga.

Su mente rastrea minuciosamente, por toda la ciudad, la esencia de su consorte. Ella no está dispuesta a perderle. No después de tantos siglos esperándolo.

Al sentir su espelúznate presencia y su deseo de destruir, los súbditos se esconden, ocultándose entre las sombras. Tratando inútilmente de pasar desapercibidos.

Alenia suspira resignada, al degustar el miedo de todos.

Los comprende.

Sabe lo violenta y sanguinaria que puede ser. Y más desde los últimos mil años. Desde que descubrió que solo su consorte, aquel que tenía el mismo color de energía que la rodeaba, podía acabar con su soledad y ayudar a contener su poder.

En todos esos años, había tenido más de un arranqué de furia y estos habían ido en aumento. Muchos habían muertos, tratando de calmarla.

Y ahora que al fin estaba a su alcance, moriría antes de dejarlo marchar.

Entretanto, al otro extremo de la ciudad flotante,  Alary contempla el gran abismo muy cerca de sus pies, mientras abraza fuertemente, su cuerpo con sus inmensas alas albinas.

Su figura luminosa, destaca entre los grandes árboles y rocas oscuras.

Su garganta, no emite ningún sonido, pero una lágrima solitaria, baja por su rostro, mientras observa con aflicción, sus filosas y descomunales garras, tan parecidas a espadas.

Está tan absorto en ellas, que no percibe que su extraña cabellera plateada, que arrastra al caminar y lo cubre como un manto, obedece su voluntad.

Su mente atormentada, poco a poco asimila que ha dejado de ser humano. El impacto de este descubrimiento, se refleja en su mirada. Y al volver a contemplar el abismo, enfoca todos sus sentidos, para encontrar la forma de escapar.

Ajenos a todo esto. En el palacio, los centinelas al enterarse de la desaparición del rey, escanean mentalmente toda la ciudad. Pero al chocar contra la mente de la reina, abandonaron de inmediato la búsqueda, al sentir su ira asesina y su deseo de ninguna interferencia.

Después de casi media hora, todos se detienen, al escuchar telepáticamente, las palabras de júbilo de la reina.

Al fin lo ha localizado.

Alenia decide teletransportarse junto con los Larios de Evatom. Materializándose muy cerca de la espalda de Alary. Y con su increíble poder, oculta sin esfuerzo sus presencias, del sensible radar mental del rey.

Los Larios avanzan silenciosamente, ante su orden, mientras ella permanece quieta.

El casi imperceptible sonido de sus pisadas, logra llegar sin dificultad a los oídos de Alary, quien se gira parcialmente.

Al quedar descubiertos, los guerreros le devuelven la mirada sin pestañear, a pesar de la aprensión que los recorre, cuando perciben su hostilidad.

Y antes que pudieran capturarlo, él se lanza hacia el abismo, cayendo sin control, incapaz de manejar sus alas.

Alary busca escapar de todo. Y sabe que la única forma es muriendo. Así que da la bienvenida, con alegría, a su muerte. Pero la ira, lo embarga cuando levanta la mirada y observa atónito, que los guerreros se han lanzado hacia el abismo y están casi encima de él.

Minutos después, la lucha por atraparlo, se convierte en una carnicería.

El rey, incapaz de volar, solo se defiende con sus garras. Su ferocidad, hace retroceder a los guardias. Hasta que diez de ellos, lanzan sus cabellos hacia su cuerpo, que sigue cayendo, atándolo en diversas partes, manteniéndolo inmóvil.

Sin perder tiempo y fuertemente sujeto, lo suben por el abismo y lo acercan a la reina.

En su esfuerzo por liberarse, Alary empieza a chillar. El sonido, enloquece los sentidos super desarrollados de la guardia real. Ellos a pesar que solo desean huir y soltar al rey, mantienen sus posiciones, porque más fuerte, es su temor a la reina.

Ante la orden de Alenia, los cinco restantes, empiezan a golpear a Alary una y otra vez. Atado por los cabellos de los otros guardias, él es incapaz de defenderse. Y poco a poco su chillido desaparece. Y cuando está a punto de desmayarse, Alenia da la orden que lo suelten, al percibir que está debilitado.

Él cae cerca de sus pies.

Al contemplarla, se incorpora lentamente con dificultad, mientras su sangre, se esparce por el suelo. Alenia da un paso hacia él y  levanta su rostro ensangrentado, con sus garras, teniendo cuidado de no herirlo, mientras le sonríe, mostrándole los colmillos.

Él forcejea, tratando de soltarse, pero ella se lo impide fácilmente.

<< Te odio. Me has quitado todo. Ahora soy un monstruo como tú >>  dijo el rey, con mirada furiosa.

Alenia al escucharlo,  se acerca más a su rostro, con una expresión indignada.

<< ¿Monstruo?…Solo te hice fuerte. Con una vida ilimitada. Con un poder , más allá de tu imaginación >> y agregó con voz gélida << Puedo sentir tu rabia, tus deseos de matarme… ¡Eres un ingrato! >> Lo acusó.

Alary soltó una amarga carcajada.

<< ¿Ingrato?… Yo no te pedí nada. Asesinaste  a mis amigos, me separaste de mi mujer…Eres un monstruo, sediento de sangre… ¡Te mataré!…. Te lo prometo. Algún día escaparé… ¡Lo destruiré todo! >> Le prometió con una mueca feroz

Alenia lo miró extrañada. Incapaz de entenderlo.

<< ¿Escapar? ¿Matarme?… Te equivocas. Me perteneces y reinarás conmigo para siempre.  Eres mi pareja, la única que puede estar a mi lado, como igual >>  replicó con seriedad.

El rey la observó sin dar crédito a sus palabras, pero de inmediato se le erizó el vello de la nuca, al intuir que era verdad.

<< ¡Jamás aceptaré ser tu pareja! … ¡Prefiero morir!… ¡Monstruo repugnante! >> La contradijo, soltando un escupitajo, que cayó cerca de sus pies.

La reina suavizó su expresión, entendiendo por primera vez, la situación en que lo había puesto. Podía sentir su ansiedad y el odio que lo corroía, y eso le estaba provocando a ella, una punzada de dolor.

Al verlo forcejear violentamente, Alenia levantó su otra mano y acarició con delicadeza, un mechón de sus cabellos. Estos rápidamente se alejaron de su contacto.

Por unos segundos, se quedó pensativa y después lo miró con tristeza.

<< Hoy pensaba dejarte como regalo, por tu nacimiento, tus recuerdos, pero he cambiado de opinión… Hoy  nacerás sin pasado. No dejaré nada en tu mente >> Le prometió, sin inflexión alguna en su voz.

Alary al escucharla la contempló boquiabierto, sintiendo que se le iba formando un nudo en la garganta. Sus recuerdos como humano, desfilaron en su mente. Y Alenia los vio y los guardó dentro de los suyos. Bajo muchos sellos de protección en su mente. Cuando el traspaso de información se completó, ordenó a dos de sus guerreros, que lo sujetaran fuertemente de los brazos.

El rey se retorció y luchó por liberarse con fiereza. Hasta que ella colocó su mano sobre su torso, lleno de heridas. Y el quedó petrificado, al sentir que un viento helado recorría sus venas, entumeciendo sus músculos.

Al mirar hacia abajo, advirtió como cientos de tentáculos de luz lo tenían envuelto y estos salían de la palma de la mano de Alenia. Ella  lo observó insegura por unos minutos y él la fulminó con la mirada.

Alary chilló al sentir un dolor insoportable, que parecía romperle el cráneo.

Sus gritos de dolor, hicieron eco en toda la ciudad. Segundos después, toda la isla flotante, empezó a temblar y sus gritos fueron mitigados, por el ruido ensordecedor, de varias construcciones cayendo, destruidas.

La reina no se detuvo, hasta que el último recuerdo de su consorte, quedó destruido.

Al levantar su mirada y escanear con su mente toda la ciudad, se sorprendió al encontrar en pie,  solo la mitad de su palacio. Ninguna construcción en la ciudad se había salvado. Al hacer un recuento, descubrió que la población se había reducido drásticamente.

Reconoció que su rey, había logrado casi cumplir su promesa, de destruirlo todo.

Al volver a contemplar el cuerpo caído de Alary, un extraño regocijo la embargó. Se inclinó hacia él, sonriendo con satisfacción. Y sin esfuerzo, lo levantó, usando un mechón de sus cabellos.

La guardia real se acercó a ella en silencio. Y ante su orden, se materializaron dentro del palacio, para empezar el proceso de reparación.

Alenia de pie, con las alas extendidas, cerca del abismo, contempló los primeros rayos del amanecer, sujetando con suavidad el cuerpo inconsciente de Alary.

Y por primera vez, desde su nacimiento, en su más de diez mil años de existencia, sintió tranquilidad.

 

   July Aspur

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4 comentarios el “LA REINA DE LA MUERTE II

    • Hola Glen. La Reina de la muerte, es un relato fantástico, sobre una raza aterradora y sumamente inteligente, de otro mundo y su peculiar reina. En principio empezó como un microrelato(La Reina de la Muerte I), pero debido a la gran acogida y los pedidos para una segunda parte, cree su continuación. Muchas gracias por comentar.

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    • Me alegra que te gustará. Y tienes razón, Alary se lo ha pasado muy mal, desde que conoció a Alenia. Aunque las cosas pueden cambiar para él, ahora que tiene un poder que rivaliza con el de la reina, solo le falta tiempo y experiencia para darle muchos dolores de cabeza…Gracias por leerlo.

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